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Niños que se esfuman y escobas que barren solas: fantasmas y leyendas en el Hernando Siles, donde jugará la Selección

0 2 months ago

Constantino Llave caminó hacia los niños que jugaban con una pelota en el centro de la cancha. Eran doce, aunque por momentos parecían quince. Saltaban, tiraban caños, se divertían, pero eran intrusos, no debían estar ahí, en medio del Hernando Siles, el estadio para partidos internacionales más alto del mundo.

El portero iba hacia ellos para pedirles que se corrieran, porque estaba por encenderse el sistema de riego. Desde un córner, el administrador del lugar, Eduardo Flores, le gritaba.

-¡Constantino!, ¿cómo es que esos niños han entrado al campo de juego?

-No lo sé- atinó a responder el sereno, que había sido minero en Oruro y sabía caminar por la oscuridad.

Eduardo observaba la escena y Constantino estaba a punto de hacer contacto con los pequeños futbolistas cuando, de repente, algo increíble sucedió: uno a uno, como si se desvanecieran en el aire, los chicos se volvían invisibles.

“Fue un plop ahí, otro plop allá, y uno más allá… ¡hasta la pelota desapareció a medida que Constantino se acercaba”, relata hoy Eduardo Flores, celador de los misterios de este estadio a 3.601 metros de altura sobre el nivel del mar, que el 16 de enero pasado cumplió 90 años.

Constantino Llave, en el Hernando Siles.

Él no cree en fenómenos paranormales. “Pero los respeto”, dice a Clarín. Y sigue con un relato de la dimensión desconocida: “Un día vinieron unos obreros asustados del vestuario número cuatro, donde estábamos haciendo unas reformas, porque vieron a una escoba que barría sola. Yo les dije que eso era imposible y los acompañé hasta el lugar para que perdieran el miedo”.

“Cuando estábamos por ingresar, se empezaron a escuchar barridas, primero tímidas, después entusiastas. Pensé que se trataba de una broma, así que con todo ímpetu abrí la puerta y entonces ví que… ¡La escoba efectivamente barría sola! Y encima parecía que nos estaba mirando”, cuenta con los ojos clavados en ese recuerdo.

Eduardo Flores tiene 66 años y hace 35 que cuida hasta el mínimo detalle del Hernando Siles, el estadio donde este martes Lionel Messi tratará de escribir una página feliz para los argentinos. El mismo donde la Selección que entrenaba Diego Maradona, también con Leo con la 10, sufrió una derrota histórica de 6 a 1 contra Bolivia, el primero de abril de 2009.

“Tengo un secreto para contar de ese partido: ese día estrenamos redes y nos trajeron suerte durante ocho años seguidos, un récord. Fue un regalo de don Alfonso Seligman, impulsor del arbitraje profesional y el deporte boliviano, que en ese momento era funcionario de la embajada alemana en La Paz. Creo que los duendes ayudaron pero repasen los videos: ese gran día, las redes que inflamos seis veces lucían impecables”, evoca el administrador, conocedor también de las cábalas que rodean el ambiente.

¿Qué pasó con esas redes? Cumplieron su ciclo, se pusieron negruzcas y fueron desechadas. Pero no tenían reemplazo y en la administración del estadio estalló una crisis.

¿Cómo podían hacer para conseguir otras si no había presupuesto? Flores movió sus contactos, llamó al tenor boliviano Rodolfo Gemio Fernández a la Scala de Milán, donde llegó a cantar con José Carreras y Luciano Pavarotti. “Tengo este problemón. Si no aparecen las redes, nos puede descalificar la Conmebol”, se escuchó de un continente a otro.

Las tribunas del Hernando Siles, durante un partido de Bolívar por la Copa Libertadores. (Foto: EFE)

Las tribunas del Hernando Siles, durante un partido de Bolívar por la Copa Libertadores. (Foto: EFE)

El tenor, fanático también de gritar los goles de la Selección boliviana, se comunicó con la barra del Atalanta, en Bérgamo, Italia, y las nuevas redes aparecieron. Fueron estrenadas en partidos decisivos contra Chile, la Argentina y Brasil, y volvieron a traerle suerte a la Verde. Además de duendes, en el Siles hay ángeles.

Cada vez que parecía que las almas del Siles se tranquilizaban, los regadores se accionaban solos, incluso en pleno partido. Camarógrafos que se quedaban hasta el final de la transmisión sentían palmadas en el hombro cuando desarmaban sus equipos, sin que hubiera nadie atrás. Un tiracable que fue mascota del Bolívar contó incluso que una medianoche sintió “cosquillas en los pies, como de manitos de niños” en la penumbra del túnel que desemboca en el campo de juego.

“Son los duendes, no hacen daño, están aquí. Esas cosas se dan, es cierto, se dan”, trata de explicar Flores, el incrédulo aunque no tanto. A él mismo le tocó descubrir a un hincha muerto en la platea superior. Y escuchar el relato del derrumbe de una pared de adobe en 1930 que provocó que 11 personas se ahogaran en un depósito de agua que estaba debajo.

Las leyendas volvieron a despertarse hace cinco años, durante la transmisión de un partido de Copa Libertadores entre The Strongest y el Defensor Sporting de Uruguay. Ganaban 2 a 0 los bolivianos y el tiempo del partido se agotaba, cuando la cámara captó la imagen de una silueta negra que corría por la tribuna a gran velocidad, atravesando un alambrado y sin que los demás hinchas lo notaran.

La sombra pasaba a través de la gente, como El fantasma de Canterville. Nunca se dio una explicación científica de lo que se vio por la pantalla. Pero a Eduardo Flores no lo sorprendió: “No hay que asustarse. En todo caso, son duendes juguetones”. Y luego se fue, contento de saber que sus historias no serán tiradas por la borda del arca futbolera.

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FK

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